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Hay un silencio asesino
que no debiera vivir,
pues me ha causado desgracia,
tragedia, muerte y dolor.
Yo lo denuncio en un preludio
a su condena,
pues la verdad y la mentira
van a la quema.
Hay un silencio que busca
remodelarse sin fin,
se vuelve piedra, agua clara,
según la oportunidad.
Yo me encaramo a la azotea
de la simpleza,
firme lo apunto con el dedo
de la nobleza.
Ya amaneció en mi ventana,
el sol su rayo irrumpió;
pronto el silencio en tinieblas
verá que todo acabó.
La luz penetra en los rincones
bajo la hiedra,
ya nadie puede detenerla,
ya no se entierra.